El Arte Argentino y Sus Protagonistas

César Magrini, Buenos Aires, 2005

Todo encuentra su exacta cabida en el asombroso mundo de la pintura de este artista, temperamental y soñador, poético y visionario. No reducen la dimensión de su vuelo normas o convenciones de determinados movimientos, escuelas o estilos: desde su superbarroco formal, cinético y multiválido por excelencia, su obra es capaz de trascender –y lo hace muy fácilmente- corrientes, academias y tendencias, pues su arte, con sobrada inteligencia, a todos nos atrapa. Heredero de una antigua tradición que lo vincula a la pintura metafísica y ligada a los mitos, se muestra cambiante, no aferrado ciegamente a un estilo, sino que pasa, con toda comodidad y siempre con los mejores resultados, de la abstracción a la figuración, en particular, en rostros que conservan el misterio de sus orígenes y de su desarrollo, en una liturgia envolvente, con mucho de sagrada y mucho, también, de profundamente humana. Este legítimo creador demuestra, por otra parte, que se pueden rechazar las tentaciones de un color muy encendido, cuando el contenido del cuadro está hablando por igual a los sentimientos y al intelecto. Tampoco lo preocupan demasiado los problemas de la luz, que está siempre presente en sus telas como una invitada de gran categoría. Y la intrincada, cuidadosa e interconectada trama de las líneas de sus diseños, que atraviesan las superficies del bastidor en todos los sentidos posibles, hablan, y muy claramente, de un temperamento inquieto, nervioso y apasionado, alerta frente a los llamados del corazón, por pequeños que éstos puedan parecer, que él lleva fielmente a sus cuadros con un lenguaje encendido, independiente y valedero, reflejo de su incoercible fidelidad.

Argentine Art & Its Performers

César Magrini, Buenos Aires, 2005

Everything has its exact place in the amazing world of the painting of this artist, temperamental and dreamy, poetic and visionary. Rules or conventions of certain movements, schools or styles do not reduce the size of his height: from formal baroque, kinetic and showing a diversity of values par excellence, his work is able to transcend-and does it very easily- schools, academies and trends, as its art, with good intelligence, we are all caught into. Heir to an ancient tradition that links it to the metaphysical painting and linked to the myths, it shows changing, not blindly clung to a style, but it happens, in comfort and always with the best results, from abstraction to figuration, in particular, in faces that retain the mystery of their origins and development, in an enveloping liturgy, with a lot of sacred and also profoundly human. This legitimate creator shows, moreover, that one can reject the temptations of a very bright color, when the contents of the painting talk equally to the feelings and the intellect. He is neither overly concerned about the problems of light, which is always present in his paintings as a guest of great category. And the intricate, careful and interconnected weft lines of his designs, which cross the surface of the frame in every way possible, very clearly speak of a restless, nervous, passionate temperament, alert to the call of the heart, however small it may seem, which he faithfully takes into his pictures with an impassioned, independent and valid language, reflection of his irrepressible loyalty.